TRASTORNO DE LA EXPRESIÓN ESCRITA: DISGRAFÍA

UN TRASTORNO ESPECÍFICO DEL APRENDIZAJE

La “disgrafía” configura un trastorno específico del aprendizaje que afecta la calidad de la escritura, puede confundirse con un aprendizaje incompleto o defectuoso de la misma.

Según Roselli, Matute y Ardilla, el aprendizaje de la escritura de textos es difícil y se prolonga a lo largo de la vida escolar por lo que es considerada como la culminación del aprendizaje académico. La escritura de textos implica una gran variedad de conocimientos, habilidades y capacidades, por lo que es difícil alcanzar un dominio óptimo de este. 

Las alteraciones en las características de la escritura son perceptibles en diferentes momentos del desarrollo, por ejemplo, alteraciones en la caligrafía pueden observarse desde el primer año de escuela primaria, en tanto que dificultades en la composición de textos no son evidentes antes de finalizar el segundo grado de primaria puesto que la enseñanza formal de la escritura no suele llevarse a cabo antes de este grado escolar.

De acuerdo con el DSM-V en el trastorno de la expresión escrita las habilidades para escribir, están sustancialmente y en grado cuantificable por debajo de lo esperado para la edad cronológica del individuo, e interfieren significativamente con el rendimiento académico o laboral, o con actividades de la vida cotidiana, que se confirman con medidas estandarizadas administradas individualmente y una evaluación clínica integral.

Los niños pequeños con trastorno en la escritura difieren de aquellos que no lo tienen en aspectos, tales como: la escritura de las convenciones.

La diferencia en los niños mayores se sitúa en:

  • Las habilidades de composición al escribir narrativas.
  • La generación de textos expositivos.
  • En encontrar ideas sobre las cuales escribir.

En la actualidad, la etiología de los trastornos de aprendizaje incluye la consideración de factores: intrínsecos (genéticos), perinatales y extrínsecos (ambientales).

La escritura es un sistema complejo, conformado por diversos subsistemas, cada uno de ellos con características propias que respetan límites impuestos por los otros subsistemas. La escritura implica acciones organizadas precisas que permiten representar de manera simultánea, las características fonológicas, semánticas, sintácticas y pragmáticas del lenguaje oral. Cuando se contemplan todos estos aspectos se habla de expresión escrita. Lograr el dominio de cada uno de los subsistemas implica el aspecto gráfico que permite al niño tener una caligrafía legible para todos, el ortográfico, las posibilidades de producir un escrito marcando la separación convencional entre las palabras y con una estructura tal que exprese un pensamiento de manera coherente. Los trastornos en la expresión escrita pueden abarcar varios o todos estos aspectos o bien afectar el manejo coordinado y de manera simultánea de todos ellos.

Matute (1997) distingue siete subsistemas específicos. El dominio de ellos permite al escritor (niño – joven – adulto) realizar la escritura:

  1. El trazo gráfico.
  2. La composición grafica de la palabra, incluyendo aspectos ortográficos.
  3. La separación entre palabras.
  4. El acento ortográfico.
  5. La puntuación.
  6. La gramática.
  7. La coherencia de los textos.

Risueño y Motta (2008) nos dicen que, para que el acto de escribir pueda llevarse a cabo, quien escribe tiene que conocer y respetar las convenciones sociales para la lengua escrita, por ejemplo la dirección de la escritura (arriba-abajo, izquierda-derecha), una letra legible que contemple el esquema grafico que corresponde a cada grafema (letra), las normas gramaticales, etc. Para esto es necesario que se den varios procesos complejos de autocontrol (función ejecutiva) relacionados con la anticipación, planificación y monitorización, tanto desde el punto de vista de la motricidad (coordinación ojo-mano, prensión con fuerza adecuada, posición del cuerpo y del soporte gráfico, etc.) como desde el conceptual, en tanto se debe tener control sobre la forma de expresión de lo que se piensa para que sea comprensible para el destinatario (la escritura siempre tiene un destinatario, escribimos para alguien), a fin de que realmente sea representativo de lo que se piensa.

El educador, en el ámbito escolar, deberá estar atento a las actividades escritas dentro del contexto áulico y del hogar, realizar la corrección minuciosa y llevar el registro para contabilizar la repetición frecuente del mismo error o alteración. Ante la detección debe comunicar a los adultos responsables de los menores para que realicen la consulta temprana con el profesional competente: el psicopedagogo.

Por lo general la disgrafía ya se puede detectar en nivel inicial y se caracteriza por una gran desorganización en las producciones gráficas, dificultades visoespaciales y alteraciones en la motricidad fina que comprometen el uso del lápiz, la tijera, el pincel, el punzón, rodillos, trozado y otras actividades manuales.

Los signos que se pueden detectar son:

  • Escritura ilegible
  • Escritura lenta, elaborada
  • Mezcla letras de imprenta y cursivas
  • Espaciado desigual entre letras y palabras
  • Ortografía y gramática deficiente
  • Dificultad para agarrar un lápiz
  • Puntuación incorrecta
  • Oraciones mal construidas y ausencia de párrafos
  • Dificultad para organizar la información cuando escribe

Narvarte (2008) menciona errores disgráficos:

  • Rotación: b x d; p x q; u x n; l x t.
  • Inversión: la x al; le x el; los x sol; er x re; se x es; tren x tern; flor x folr.
  • Confusión: podoto x poroto; rosa x grosa.
  • Omisión: maesto x maestro; camió x camión.
  • Agregados: chupepete x chupete; mara x mar.
  • Contaminación: casase x casas; peray x pera y …
  • Disociación: ca sa x casa.
  • Corrección. Tachaduras: león x león; madre x madre.

Una vez que el trastorno sea detectado y diagnosticado por el profesional idóneo, algunas adaptaciones que ayudan al sujeto a mejorar y/o superarlo (esto siempre depende de cada caso, cada persona es única), son:

  • Ubicar al estudiante en un lugar próximo al educador para facilitar el contacto visual y la supervisión periódica de sus actividades áulicas.
  • Emplear el refuerzo positivo después de cada actividad que haya finalizado para que continúe trabajando con entusiasmo y superación constante.
  • Permitir el uso del modelo de escritura en imprenta mayúscula o imprenta minúscula en sus producciones escritas y en instancias evaluativas.
  • Implementar modelos de evaluaciones adaptadas a sus limitaciones en la escritura, que le permitan plasmar sus conocimientos en el tiempo disponible para tal fin y con la menor escritura posible. Por ejemplo, utilizando señalamientos.
  • Ofrecer la instancia de evaluaciones orales en las asignaturas con presentan un contenido curricular mayormente teórico.
  • Comprender y aceptar las aptitudes y, fundamentalmente,  las limitaciones que presenta el niño-joven en la expresión escrita.
  • Mostrar buena disposición, prodigando reforzamiento positivo afirmativo para mejorar y aumentar sus posibilidades de éxito y disminuir las de fracaso.
  • Ejercer el acompañamiento como padres o tutores, con buena y frecuente comunicación con el colegio y así desplegar una acción mancomunada.
  • Reforzar e incrementar con la praxis las habilidades grafomotoras finas.
  • Propiciar una lista de verificación para editar su trabajo: ortografía, limpieza, gramática, sintaxis, progresión de ideas, etc., en los trabajos con entrega diferida.
  • Permitir diferentes maneras de responder, ajustado a lo solicitado por el educador.
  • Dividir en pasos las tareas y evaluaciones por escrito.

Los conceptos aquí vertidos están orientados a los adultos responsables de la crianza y de la educación de menores, padres, tutores, educadores, profesionales y al lector en general, para adquirir una visión global y aproximada de las características de este trastorno especifico del aprendizaje relacionado con la motricidad manual, que repercute directamente en la escritura, denominado “disgrafía”, cuya presencia en la vida escolar es frecuente.

Sí, es importante que, tanto educadores como padres/tutores o la misma persona, hagan el miramiento apropiado y se ocupen de que el individuo que  porta la sintomatología (niño, adolescente, adulto) obtenga la derivación pertinente para recibir la atención y evaluación necesaria, paso imprescindible para arribar a la intervención que lo lleve a la superación del problema.

Referencias Bibliográficas:

  • Rosselli, Matute, Ardila (2015) “Neuropsicología del desarrollo infantil”. Editorial Manual Moderno, S.A. México.
  • Narvarte, Mariana (2008) “Trastornos escolares”. Editorial LESA, Argentina.
  • Scander. Rubén, Paterno, Roberto (2010) “Dificultad de Aprender”. Editorial EDIBA, Argentina.
  • Alicia Risueño – Iris Motta (2008) “Trastornos específicos del aprendizaje” Editorial Bonum, Argentina.

 

Psicopedagogas de la Pcia. de Corrientes (Capital)

Lic. Amelia Vallejos – MP N° 232 – Atención en Consultorio Privado

Cel. (379) 4227701 – ameliavlljs@gmail.com

Lic. Cyntia Rodríguez – MP 069 – Psp en Institución Escolar – Nivel Primario

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